Micrófono de estudio con telaraña

He estado meses sin publicar en este blog. Más de los que debería admitir públicamente. Y eso, para un locutor profesional que trabaja online, tiene un coste que no siempre se ve.

No por falta de contenido. Tengo ideas apuntadas desde hace tiempo: temas, ángulos, borradores a medias. Tampoco ha sido pereza, exactamente. Ha sido por algo más difícil de justificar: lo dejé para después. Y después se convirtió en mucho después. Y mucho después se convirtió en agosto de 2024.

Si tú también tienes un blog profesional lleno de telarañas, este post es para ti.

El blog del locutor profesional: cuando el silencio habla mal

En comunicación —y yo de esto sé algo, que llevo años enseñándolo— el silencio nunca es neutral. Siempre dice algo. El problema es que no siempre dice lo que quieres.

Cuando alguien llega a tu web, o redes sociales y el último post tiene más de un año, lee entre líneas. No necesariamente que estés muerto. Pero sí que quizás estás desconectado, desbordado, o simplemente no cuidas lo que tienes. Ninguna de las tres opciones es especialmente atractiva para un cliente potencial.

Y sin embargo, ahí estaba yo. Con un blog que me presentaba al mundo y que llevaba meses diciendo, en silencio: «Aquí no pasa nada.»

¿Por qué dejamos de publicar?

Spoiler: no es por falta de tiempo. Es por falta de sistema.

Cuando publicar depende de la inspiración, del momento libre y del alineamiento de los planetas, no funciona. Lo he visto en los profesionales que formo. Lo he vivido yo mismo. La creatividad necesita estructura, no espera a que estés inspirado.

También pesa el perfeccionismo. Ese «cuando lo tenga bien rematado lo publico» que se lleva por delante decenas de buenos posts. La barra de lo que consideramos «publicable» sube sola cuando llevamos tiempo sin publicar. Como el que deja de hacer ejercicio y de repente necesita condiciones perfectas para volver al gimnasio.

Y luego está la trampa del negocio. Cuando los proyectos van bien, el blog parece prescindible. Para qué escribir si tengo trabajo. Lo que no se ve es que el blog es parte de la razón por la que tienes trabajo. O podría serlo.

Lo que un locutor tiene que publicar (y por qué)

Mi negocio se basa en la voz. En la confianza que genera escucharme. En que cuando alguien me busca en Google, encuentre no solo una web bonita, sino a una persona con criterio, con experiencia, con algo que decir.

Un blog bien llevado hace eso. Demuestra que estás activo en el sector. Que piensas sobre tu trabajo. Que no eres solo una voz de alquiler, sino alguien que entiende qué hace y por qué funciona.

Y hay algo más: posicionamiento. No solo el SEO —que también—, sino el posicionamiento en la cabeza de quienes te leen. Si alguien te sigue durante meses a través de un blog, cuando necesite un locutor ya sabe quién eres. La venta está casi hecha antes de que contacte.

La vuelta

No voy a hacer el post del «estoy de vuelta con más energía que nunca». Esos posts son los que más me hacen desconfiar de un blog. La vuelta se demuestra publicando, no anunciándola.

Lo que sí puedo decir es que a partir de ahora esto tiene estructura. Tengo un plan editorial. Fechas. Temas. El tipo de sistema que le recomendaría a cualquier cliente en una sesión de ComunicaPRO y que, con cierta vergüenza, no había aplicado a mi propio blog.

Cada dos semanas, un post. Sobre locución, sobre doblaje, sobre lo que pasa detrás de un micro. Cosas que sé, cosas que me preguntan, cosas que creo que te pueden ser útiles si buscas una voz profesional o si simplemente te interesa este mundo.

El silencio ya ha hablado bastante. Ahora me toca a mí.


¿Tienes un blog profesional que lleva tiempo parado? Cuéntame en comentarios. Prometo no juzgarte. Me he ganado ese derecho.

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